La enanez de la mente humana -adulterada por la soberbia- es, realmente fantástica y sorprendente. En ocasiones, raya en la estupidez o la locura, cuando intenta enmendarle la plana a su creador -"dirumpamus vincula eorum"- y sólo consigue impresionantes y morrocotudas leches contra la tapia.
No por ello ceja en su empeño, en cuanto despierta -alentado por el de siempre- sin medir las consecuencias, de nuevo, vuelve a la carga. Así, en todo; o casi en todo.
¡Y, no aprendemos!
Cosecha propia, ¡palabra!
Garsa.